Día 11 de Diciembre. A la espera de que pase el temporal.

20171211_080935Hoy, me quede casi sin batería y no hice muchas fotos pero comento el día que es interesante.

Amanece con lluvia y vientos fuertes, y eso que el puerto está bien resguardado, incluso el cabo de proa se soltó del puerto, pero no hubo problemas porque teníamos springs bien colocados.

La resaca me acompaña mientras preparo un café a las 7 de la mañana. Debemos solucionar el problema del candado y en este caso se trata de uno resistente y grueso que debemos soltar y reemplazar, habría tenido que dejar una copia de la llave dentro del cata, no se porque razón nos llevamos todas ellas L. Voy a preguntar si alguien encontró las llaves en los lugares donde estuvimos ayer.

Alberto sigue muerto en su camarote y a eso de las 9 me hacen señales desde fuera del barco para que salga, aparezco desde uno de los portillos de la cubierta (la puerta de salida sigue bloqueada y no he quitado los tornillos que sujetan el candado), se sorprende y le explico el problema. Es el inspector de sanidad (doctora, aduanas, operativo, capitanía y ahora éste), que si llevamos frutas o verduras, ya sean en paquetes o naturales, le digo que si y me advierte que no puedo bajar nada del barco, es un delito grave, y que debe inspeccionar, le digo que pase….”por el portillo”, se lo piensa (tiene unos 60 años) y decide que, está bien, que me cree y que el capitán debe firmar un documento donde juramos que todo está OK y que no bajaremos nada, le digo que el capitán oficial está dormido y se encuentra mal, me mira y me pregunta si yo soy capitán también, que le valgo si así es, así que le firmo y ya hemos pasado “otro trámite”.

Las 10 y Alberto sigue KO, así que decido que me voy a intentar subir el blog al centro de Santiago, el único sitio donde hay wifi. Al salir me encuentro con los vecinos españoles a la salida del cata y los 5 nos vamos a la parada del bus, pasa cada hora nos han dicho.

A las 2 horas todavía no ha pasado y los otros que también esperan, 4 personas más, me indican que es “cada hora, aproximadamente”, así que esperamos, para dicha de un lugareño, que nos dice es proveedor “famoso y honrado” de navegantes (dice salir incluso en las guías como recomendación), nos tiene bloqueados a su disposición para hacernos la venta de sus servicios…..durante las dos horas de espera, vende de todo, desde gasoil a verduras o recambios, él consigue todo a precios mucho mejores que lo haría un guiri, y le añade una modesta comisión por llevártelo al barco, su esposa lava la ropa y su hijo localiza taxis para quién los necesita, luego, entre servicio y servicio, nos cuenta un poco de la situación de Cuba, que no se pueden ir, que se paga muy poco, que el estado los vigila, etc. solo nos libramos de él cuando llega el bus, pero ha tenido tiempo de repetirnos todo 3 o 4 veces.

El bus hoy no tiene el mismo recorrido, me doy cuenta cuando ya llevamos demasiado tiempo, donde esperaba ver algo conocido, pregunto a mi vecina y me dice que estamos a unas 15 calles del parque Céspedes,  y alejándonos. Me bajo y pregunto..que si, solo se trata de subir una cuesta de un kilómetro y luego torcer a la izquierda para bajar un par más y ya.

Un paseo lejos del centro turístico me da la oportunidad de profundizar en la vida cotidiana y el comercio local. En casi cada vivienda hay una pequeña tienda, carne en una mesa al aire libre, una puerta abierta que muestra una lechuga solitaria junto a un par de tomates y algunas cabezas de ajos, en la siguiente puerta sobre unas escaleras, un tipo tiene un taburete con unas botellas reusadas de un jugo de color lila, que vende en unos vasos de plástico tamaño pequeño, por 3 cts de moneda local, algo así como 1/10 parte de un dólar. Más adelante, en otra puerta, unos vestidos usados expuestos, junto a una vajilla de 3 platos y dos tenedores, y así cada 2 o 3 casas, ventas de pequeñas cosas que supongo intentan complementar algo la economía desesperante de esta gente.

Tras una hora y media llego al parque y me dirijo a la tienda oficial de venta de tarjetas para wifi, prohibitivas para el 90% de la población, una hora, un dólar, ayer pagué seis dólares por dos tarjetas a un revendedor y hoy estoy dispuesto a no pasarpo reventa, jaja, todo un ahorro.

Tengo a cinco personas delante de mí haciendo cola en la calle, con la puerta cerrada. Es una fila única donde hay gente que quiere una nueva línea, otros vienen con quejas o para pagar su recibo, y alguno a comprar wifi, como yo (previa identificación con pasaporte, por supuesto), tras una hora de espera estamos cuatro en la fila, se nos han colado dos cojos, uno con silla de ruedas y dos que, según la que controla, eran empleados de la empresa. Cada vez que alguien se cuela, un inglés, que ahora está el primero  de la fila, monta un pollo, pero la controladora le sonríe una vez más y le insiste, “son las reglas”. Los cubanos no se quejan, solo esperan pacientemente, este es el país de la música, y la demora. Yo he estado charlando con una francesa que va de mochilera y que está delante de mí, ella también quiere adquirir wifi y lleva una semana vagabundeando por Cuba en hostels de menos de 2 a 3$ y comiendo por 1$, le encantan los cubanos y el país.

Me canso y decido mirar a los revendedores que están sentados frente a la fila de espera, mostrando sutilmente algunos de los vales de wifi que ellos tienen, le hago una señal a uno de ellos para que me diga el precio y me indica con los dedos que son 3, le digo que le compro 3 por 6$ y rápidamente acepta la oferta. Comento con la francesa si se anima y me dice que no, que ella espera, me despido de ella y la dejo meditando en la fila.

Ya que estoy en la plaza intento encontrar a personas habituales de ella, policías, taxistas, algún vigilante y les pregunto si alguien localizó unas llaves, nadie sabe nada y la policía me dice que vaya a la comisaría, quizás las hayan depositado allí. Al fin y al cabo, unas llaves no valen nada, luego en la comisaría me dirán que si, que se reúsan o se hacen cosas decorativas 😉 y que allí nadie ha depositado nada.

Decido ir a la terraza del hotel desde donde subo el Blog y me tomo una hamburguesa “completa”, huevo, beicon, carne, verduras, jamón dulce, con una cerveza y dos cafés, por 7$, desorbitante para este país (recordemos, sueldos de menos de 12$ mes). Ya subí el Blog, la verdad es que hay pocos lugares de acceso a internet pero la velocidad ha sido infinitamente superior a Cabo Verde o San Martín, claro que con pocos usuarios todo va bien.

Pregunto al conserje donde puedo adquirir un candado y me da las indicaciones, calle peatonal a solo 200 metros del hotel, allí me dirijo. La tienda es como 5 ferreterías en una sola tienda. Varios mostradores compiten, cada uno especializado (fontanería, electricidad, herramientas usadas, clavos y tornillos), al entrar el primer mostrador me pide que estoy buscando y cuando se lo digo me convierto en cliente suyo, él no lo tiene pero va a otros mostradores a preguntar (entiendo que son competencia colaborativa, al final me cobrarán de más y se repartirán el botín). Me muestran varios y al final me quedo el mayor que tienen, que luego en el barco no servirá por ser todavía pequeño.

Ya creyendo solucionado el problemilla, salgo de nuevo a la calle peatonal y veo una peluquería que además ofrece manicura, como llueve y no hay nada que hacer, entro en ella. Se trata, como la mayoría de establecimientos, de una propiedad del estado, y una mesa de la entrada me recibe y me pide que quiero ¿manicura y pedicura cuánto?, 6,50. Como me parece correcto le abono los 6,50 CUC equivalente a unos 6$ y me hacen un recibito indicándome que vaya a una esquina donde una muchacha me atenderá.

Está ocupada pero me dice que me siente cerca y que me atiende enseguida. Diez minutos y ya estoy frente a ella, cubo de agua friísima para los pies, mesa rota con unas toallitas que ya habrán tenido muchas decenas de manos encima, paredes descorchadas y una lámpara  pequeña que ilumina el área de trabajo. Unos 45 años, 1,70, piel morena, gafas de muchas dioptrías, pelo largo negro bien cuidado, buena figura de piernas largas, entubada en un vestido que parecería de dos o tres tallas menos y donde sobresale su generoso busto, con una minifalda que debe ir recolocando cada vez que se mueve, aunque no se ruboriza nada si aparece de vez en cuando el borde de sus prendas más íntimas. Al final, para la pedicura,  me sujeta los pies entre sus piernas y si, quedan perfectamente fijados.

Hablamos mientras ella hace su trabajo en mis manos;  de dónde soy?, cuánto tiempo llevo en Cuba?, que me gusta del país?..en fin, conversación de manicura con turista. En un momento, como es usual en Cuba, surge la conversación sobre salarios y formas de trabajo, le digo que no entiendo que cobren tan poco cuando los precios, siendo un poco más baratos que en España, si son competitivos en este servicio que me están dando. Se sorprende y me pregunta cuánto vale esto en España, le digo que entre 10 y 15 euros (un salario mensual de ella), y se ríe, “pero si esto aquí vale 6,5 pesos cubanos”, es decir ¼ de $ (1 CUC=25 pesos). Ups, le digo que yo he pagado 6,50 CUC y me dice que las de la entrada son unas ladronas, posiblemente me han cobrado esto, haciéndome creer que eran CUC, para luego ellas colocar los 6,5 pesos y quedarse el resto. Me indigna que me hayan estafado de esta forma y hacemos juntos un plan para que lo rectifiquen (en Cuba nadie quiere que un turista denuncie una mala práctica, eso es un peligro para los que lo cometen).

Al final, ella me deja 10 pesos cubanos y le dice a la cobradora que yo quiero hablar con ella. Cuando se acerca le explico que había comentado lo mucho que habían subido los precios ya que yo usaba este servicio cada x tiempo, y que siempre había pagado menos de un CUC, cuando ahora me habían pedido 6,5, y que estaba enojado porque había descubierto que me habían estafado.

La muchacha que me cobró me dice, sin inmutarse, que ella simplemente me tomo los CUC porque yo “se los di sin pedir nada más”, pero que “encantada, me los devolvía si le abonaba los 6,5 pesos. Le doy los 10 pesos prestados de mi compi de plan y se los lleva, al poco rato vuelve con el cambio y me devuelve mis 6,5 CUC, se lo doy todo a mi cómplice y ella me lo agradece mucho, la vecina de mesa, otra empleada, se ofrece para cualquier otro servicio que yo desee tomar (reflexología, masaje facial, limpiezas, etc.), se lo agradezco y nos reímos los 3 un rato por haber descubierto la estafa y lograr que la devolución, le pido a mi cómplice que la invite a algo con esa ganancia especial y me dice que clarooooo. Ahora me incluye un masaje de manos y pies, me resisto a que me coloque no se qué potingue en las uñas para fortalecerlas. Al final, incluye en su trabajo el asesoramiento de donde ir a pasear y ver cosas, tanto en Santiago como en las playas anexas.

Salgo del local y llamo a Alberto, se despertó tarde y después del café se volvió a echar  a la cama. Quedamos en vernos por la tarde si es que se ha recuperado y yo me dirijo al malecón, donde la experta de la manicura me dijo que había ambiente, aunque también dijo que normalmente es de noche y cuando los cruceros están allí.

La comisaría está a menos de 50 metros y tras hacer una gestión improductiva en ella, me dirijo al malecón que está como a 10 calles. Calle ancha de 6 carriles, poca gente y triciclos comunitarios como medio de locomoción en la zona. Hay un crucero que está a punto de partir y todavía quedan por la calle puestos improvisados bajo toldos y sobre mantas, de venta de recuerdos, pero ya con muy pocos compradores.

Me paro en un barco-bar a tomar una cerveza mientras veo como se marcha el Crucero de y luego al ver que no hay nada interesante me subo a un taxi moto que me lleva de vuelta, por 20 pesos cubanos, al parque Céspedes. Alberto parece que ya recuperado, decide que es capaz de salir del barco, ha comido en el restaurante del hotel del puerto.

Nos encontramos una hora más tarde en la terraza del restaurante y después de unas cervezas  y una hamburguesa nos acercamos a los locales de música cercanos. Hoy es lunes y hay menos actividades que el fin de semana, pero si hay un par de lugares de actuaciones en vivo, en uno de ellos nos piden 5$ por persona como entrada y al final decidimos ir al otro que solo pide 1$ y también hay actuación. Nos tomamos unos rones pero ya con mesura, hasta que se termina la actuación. Ya son las 8 de la noche y estamos todavía recuperándonos, así que decidimos irnos a la cama.

20171211_222855Fuera del local, varios taxistas ya han intentado vendernos el trayecto, siempre empiezan por 20$ (son unos 10 km), que es una barbaridad si miras los precios del resto de cosas, al final acaban con cobrarnos de 7 a 10, que también es carísimo, pero no somos capaces de negociar más a la baja. A la salida se nos cruza el Ford de los 50 que ya nos llevó ayer y lo tomamos…tras volver a renegociar lo mismo.

Eso si es peligroso, mucho más que el Atlántico, a 120 km hora, sin cinturones, sin apenas luces con ruidos de motor que ruge de forma cansada y pesada en subidas de no más de 5%. A medio trayecto nos para la policía y al acercarse al taxi se reconocen entre si…”hey negro, no corras tanto que este carro ya no está para esos trotes”, “gracias Raul, esto es más seguro que los carros modernos”, “bien, pero cuídate y tráeme alguna cosita a la vuelta”.

20171211_232905Cuando nos deja en el puerto nos pide un dólar adicional para Raul y se despide amable como siempre, nos roban de a poquito, pero son entrañables.

 

 

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